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POR MANOLÍN

Recuerdos de unos felices años pasados en Velefique

por Manuel García… conocido de pequeño por “Manolín”

 

Si lo hago es para dejar constancia de estos recuerdos,

que seguro se perderían en el olvido.

        6. Gorriones.

        Entre los años 1948 y 1951, yo vivía en un pueblecito de la provincia de Almería, llamado Velefique, donde habia muchisimos gorriones, pues al ser terreno agricola, comian trigo,migas de pan, grillos, insectos, etc.

        Uno de mis “deportes” de niño era localizar los nidos que hacian siempre en los agujeros o huecos de las casas, establos, etc. y si eran “culones” o sea recien nacidos, darles de comer y criarlos. La localizacon no era muy dificil: Al pasar por las calles, se oian los incesantes “pios, píos” de los recien nacidos…y al poco veias al padre o a la madre con un grillo en el pico que entraba, daba de comer y salia de nuevo. Lo dificil era “subir” a buscarlos, cosa muy arriesgada cuando estaban muy altos….y entonces las solucion era subir al tejajo, asomarse al borde y meter la mano. Esto tenia trés riesgos o peligros: 

      Uno: Que me podia resbalar o caer de unos 4 o 5 metros. 

      Dos: Que alguna vecina me hubiera visto -tenía fama de “pajarero” en el pueblo- y le fuera con el cuento a mi padre o mi madre, a la que veia asomarpor la calle, abajo, con la zapatilla en la mano….y acto seguido, iniciaba una estratégica retirada reculando hacia atrás, aunque a veces no me servia de nada, pues al ir a casa…”cobraba con retraso”. 

      Tres: Que, aunque no era muy frecuente, una culebra (o serpiente) tambien hubiera “ido de caza”, y al meter la mano…tocara yo algo blando y largo, con el consiguiente susto y retirada rápida de la mano. Otro sistema de caza, era en invierno (no estaban en época de cría) y buscaban huecos  o agujeros en la pared para dormir….lo que se notaba a simple vista, al ver el agujero de entrada de color “gris pizarra”, sin el encalado del resto. Era cuestion de madrugar y tapar la salida con una gorra.

      El resultado de la “caza”: Muchos “culones” morian por exceso de comida, pues al estar siempre con el pico abierto, yo, en mi ignorancia, les seguia dando migas de pan, grillos, moscas, etc…..y al dia siguiente aparecian “panza arriba”, con gran alegria por parte del gato del vecino, que siempre estaba atento a estas pequeñas desgracias “pajareras”. Hasta que no dejé el pueblo y marchamos a vivir a Almería, no me di cuenta de lo mal que me  habia portado con los pobres gorriones. No obstante, un señor mayor, que sí sabía como cuidarlos, me regalo uno pequeño, ya enseñado, y todavia recuerdo que estaba en casa, revoloteando de un lado para otro, y no fallaba: cuando era la hora de la comida, volaba hacia donde estaba yo con mi familia, e iba de un lado a otro, comiendo migas, fideos, etc. A veces aprovechaba la puerta abierta y marchaba a la calle, daba un par de vuelos, y volvía a entrar. Exactamente como éste que vemos en el video. Así estuvo varios años, hasta que un día, por desgracia, se coloco a dormir entre la puerta de calle y el tranco…y al cerrar la puerta fue aprisionado. Fue un dia muy triste y amargo para mi hermana, hermano, padres y sobretodo para mi.

      Y esta la es “historia de Manolo” sobre el gorríon urbano y rural. Por cierto, Edith Piaf, llevaba el nombre de “Piaf” pues así se llaman los gorriones en la region francesa de donde era original. Recuerda que la llamaban “el pequeño gorrión”.


          

           5. El sacerdote don Fernando Gómez Lara.

           Para hacer la biografía de don Fernando sería necesario un libro. Aquí sólo daré una cuantas pinceladas o “recuerdos” centrados en la época en que lo conocí, ya que posteriormente sólo lo vi en las Fiestas de la Virgen y San Roque en Agosto. La última en el Paseo de Almeria, en el verano de 1993,  poco antes de su fallecimiento el 5 de Noviembre de 1993.

Fue un personaje muy singular y con gran influencia sobre el resto de fieles y no fieles, ya que por su ministerio y cultura era el punto de referencia de Velefique, y el centro de todos los actos (o casi) que ocurrían según la época del año, o esporádicos, como bautizos, bodas, entierros…o incluso “extras”como una vez que consiguió que el Obispo de Almeria don Alfonso Ródenas (1951) fuera al pueblo, o al año siguiente cuando llevó un par de frailes “predicadores” con motivo de la “Santa Misión”.

Con mis padres siempre mantuvo una buena amistad y aún recuerdo lo que me dijo en una ocasión: “Tu padre y tu madre siempre han sido buenos amigos míos…”. La amistad venia de viejo: Con mi padre, don Manuel García “El Capitán”, por haber pasado varios meses juntos en las cárceles del Frente Popular (Ingenio o La Salle de Almeria) al inicio de la Guerra Civil de 1936/39. Otro factor importante era que ambos eran buenos “pelotaris” y, sobre todo, porque se conocían desde la infancia. Con mi madre, Isabel García, por formar ella del grupo de jóvenes de las que era “guía espiritual”, antes la Guerra. Otras jóvenes era sus hermanas María y Encarna así como Cándida Sebastiana, Encarna Moreno, Rosario, María Esquinas, Pepa Úbeda, o “las maestras”, Isabel e Inocencia. Seguro que me dejo a alguna… lo siento.

Un personaje singular, bastante ligado a don Fernando, y que no me quiero dejar era Antonio Moreno (hermano de Encarna la del Estanco, Fernando, Juan y Rosario Moreno la de José Cristino) cuyo vozarrón destacaba en la Iglesia cuando cantaba en los oficios religiosos, aparte de ayudar en la Iglesia con una “rara dedicación”… Para mí que no estaba muy “centrado”. En reciente visita a Velefique (20-09-2010), visité el cementerio y comprobé lo rapido que pasa el tiempo, ya que la mayoría de ellos duermen el “sueño eterno” en él.

Según me contó mi madre, don Fernando las pasó “canutas” al inicio de la Guerra. Como a otros curas, fueron a buscarlo al inicio, y aunque se pudo ocultar y escapar, al final los “milicianos” de la FAI-CNT, lo metieron en un coche y llevaron a Almería y de allí a La Salle, donde estuvo preso. En un libro que trata de la Guerra Civil en Almería, se le dedica un capítulo por las muestras de valor que tuvo ante el jefe de la Prisión que para tentarlo le trajo varias rameras e incluso pretendía que le perdonara los “pecados que había cometido y los que iba a cometer”. También se la tuvo con un miliciano que lo acompañaba a hacer sus “necesidades” y ante su intransigencia a darle mas tiempo, se enfrentó a él, se abrió la camisa y le mostró el pecho diciendo “dispárame”. De ahí le vino el mote del “Cura Valiente”. Pudo escapar a zona nacional y terminó de Capellán Castrense. Según recuerda mi madre, en la plaza del pueblo se celebró en Mayo de 1939 una Misa al aire libre, y entre el público sólo había dos militares uniformados: don Fernando con la estrella de Alférez (Capellán Castresnse) y mi padre Manuel, con el uniforme de Brigada de la Guardia Civil, pues con esa graduación le sorprendió el inicio de la Guerra en Berja…..pero esa es otra historia. Aunque don Fernando fue enviado como párroco a otro pueblo (?), al poco llegó destinado a Velefique, donde “dirigió almas y cuerpos” hasta su repentino fallecimiento con 83 años, aunque sin la euforia de los años 40 y 50.

Varias muestras de su carácter:

a) Con motivo de las Fiestas de Agosto, se organizó un baile en la plaza. Tras cenar, se acercó a dar una vuelta, y al ver que se “bailaba agarrao” mandó parar la música a la Banda de Bacares. Se acabó la fiesta, con el disgusto y silencio de mozos y mozas.

b) Si alguno hacía el mal, como por ejemplo dejar pasar el ganado o caballerías por el riachuelo que llevaba el agua al “cañico”, no tenía pelos en la lengua para pregonarlo desde el púlpito, en el sermón de la Misa. Todos aguantaban el chaparrón… excepto un primo suyo llamado Víctor, que vivía en Madrid y que se salía fuera y entraba a terminar el sermón.

c) Si alguien se “pasaba” con la novia y la dejaba “en estado”, lo más normal es que aquello terminara en boda… a las 6 de la mañana.

d) En cierta ocasión negó la Comunión a una de las “Beatas”, ya que la había visto con vestido de tirantes, viéndosele el sobaco… en lugar de llevar una manga corta. La pobre tenía que ir a comulgar a Tabernas.

Para juzgar lo que antecede, simplemente, hay que situarse en la época. Hoy día, es impensable.

Por contra, tenía un gran corazón, y si podía hacer un favor, obra de caridad, etc. lo hacía. En cierta ocasión, trajo desde Almería un buen montón de pelotas de goma de color azul y al rato estábamos todos los chicos jugando con ellas en la plaza. Si había boda, el padrino le daba a don Fernándo algunas pesetillas para todos los “acólitos” que estábamos ayudando arrodillados en el Altar (entonces se miraba de frente, de cara a la Purísima y San Roque, de espaldas al pueblo). Al finalizar la ceremonia las repartía religiosamente entre todos. Como dato curioso os diré que cuando fui a Almería en 1952 abrí mi primera Libreta de Ahorros en Correos, con 300 de aquellas pesetas.

Los acolitillos, al haber casi siempre 7 u 8, unos se ocupaban de traer y servir las vinajeras y el agua, mientras otros dos se situaban en el centro, para levantar la casulla en el momento de la consagración… Solo se oía al de la campanilla repiqueteando como un poseso. Todo el mundo de rodillas, con las mujeres delante y los hombres detrás, cerca de la puerta y la pila bautismal. Como es lógico, casi todos comulgaban, siendo los primeros don Pepe Gómez “el Maestro” (que paraba el órgano) y Antonio Moreno… que para alivio de todos dejaba de cantar mientras tragaba la Sagrada Forma: no había parado de entonar a voz en grito los diversos cánticos religiosos iniciados al salir el Cura de la Sacristía, con aquello de: “Cuando el Santo Sacerdote, sale de la Sacristía, se parece al mismo Dios cuando al Calvario subía….”.

Cuando empezó la ayuda americana, tras los acuerdos de Madrid de 1952, se encargó del reparto de queso, leche en polvo, etc. Recuerdo que el queso venía en latas redondas de color dorado y la gente tanto comió y se empachó que, al cabo de unos meses, lo aborrecieron. El destino final eran los cerdos, guarros, puercos, marranos o gorrinos (como queráis llamarlos).

Don Fernando decía Misa también en Senés, Olula, Castro de Filabres y Febeire. Mas de una vez íbamos a esperarlo por donde está el Cementerio cuando venía de Senés, o a la era de los Burros si venía de Castro. Febeire, era otra cosa; aquello era un caserío entre Velefique y Castro, donde una “una señora rica” tenía una Capilla y alguna vez iba don Fernando a decir Misa. Yo fui un par de veces y, en mi mentalidad de niño, el nombre de Febeire, la casa, la señora, etc. me sonaba a algo misterioso de otro mundo. Con el tiempo se acabaron los viajes en mula y se marchaba a Castro y Senés en el coche de Paco el de “Luis Luisa”. Como tenían que bajar hacia la Galera, si en el camino pasaba alguna conejo, liebre o perdiz… a la cazuela.

Todavía lo veo revestido con la capa pluvial de color blanco y amarillo, detrás de San Roque o la Virgen, en las procesiones, y si veía que fallaba alguien con las andas, decía con gran voz: “Esos hombres, esos hombres que ayuden”…o si los chiquillos andaban molestando en la procesión: “Esas madres, esas madres, que controlen a esos niños”.

 

Evidentemente, en este ambiente religioso, surgieron varias “vocaciones” sacerdotales que llevaron a varios al Seminario: a los sobrinos Fernando, Pepito y Jesús (el único que se hizo sacerdote y cantó Misa) y más tarde a mi hermano Juan y a mí. También recuerdo a Jesús Diaz, “Susi”, con un altar en miniatura, cáliz, patenas, etc. jugando a “decir Misa”. Yo era el acolitillo.

Jugaba a la “pelota vasca” con la sotana subida por delante y colgada del cuello, dejando la piernas libre… y para nosotros era muy extraño ver que llevaba pantalones de color gris y camisa blanca… y si en medio del partido algún sobrino se portaba mal, le daba un pescozón y seguía jugando.

Como yo estuve en el Seminario entre 1953 y 1954, recuerdo que fui “al pueblo” a las “fiestas”, y me llevé la sotana, el roquete blanco y el fajín azul: ese año tanto el sacerdote como el acólito, iban igual… o casi.

Una escena irrepetible era cuando don Fernando llevaba el Viático a algún enfermo y le acompañaba algún acolitillo por aquellas calles de trazo irregular y suelo desigual. Algunas personas alumbraban con faroles y quinqués si era de noche y el acolitillo abría camino tocando la campanilla. Los que estaban en casa o circulaban por la calle, tras descubrirse y persignarse, ya suponían que algún enfermo estaba a punto de hacer el último viaje. En el pueblo se sabía todo: lo bueno y lo malo. Al llegar a casa del enfermo se habilitaba un sencillo hogar con un paño limpio, unas velas, la imagen de algún santo, una estampa o la Cruz y se administraba el Sacramento o se daba la Extremaunción.

En los entierros llevaban al difunto a la Iglesia y allí decía un responso. Luego, todos, incluido don Fernando, iban al cementerio donde decía otro antes de “dar tierra”. Sin embargo, en ésto de los “responsos” hubo algo que me llamo la atención y mucho: Cuando en 1950 falleció mi abuelo, el “tío Juan Coscurrón”, el cortejo salió de la casa de mi tío Antonio (donde había fallecido por haberle “tocado allí el mes de cuidados”) dirigiéndose a la Plaza. Allí dijo un “responso”, luego en la Iglesia otro y a medio camino, por Triana, otro para finalizar con la ceremonia en el cementerio. Como yo era un niño de 10 años y no estaba en el “cortejo”, todavía me pregunto el porqué de esos 3 responsos, en lugar del “normal” de uno. Pienso que pudo ser por amistad con mi padre o porque se le pagara la “tarifa” de 3 en lugar de la de “1”.

Por último -y lamentaría dejarme algo- don Fernando era aficionado a “hacer trucos de magia”. No sé donde se compró un “equipo” de “Magia de salón” y en varias ocasiones lo vi sacar monedas o pelotas de las orejas, hacer desaparecer cosas en una caja, o guardar un pañuelo y luego empezar a sacar una tira de varios colores de la manga… tras hechar “los polvos de la Madre Celestina”. Normalmente esto ocurría en Casa de Encarnación Moreno o en la casa de la Maestra, en la plaza, junto al Ayuntamiento. Como es lógico, todos nos quedábamos con la boca abierta… aunque luego la cerrábamos comiendo pan con chocolate o algún dulce que daba la anfitriona.

Sin duda, con sus pros y sus contras, fue un personaje digno de una novela. Descanse en Paz.

 Barcelona, 2 de Octubre de 2010

          

            4. Trasporte.

            Para bajar a Tabernas -por motivos de salud, hacer  la “mili”, compras, etc.- no había otras opciones que ir a lomos de un asno o mulo y andar balanceándose de un lado a otro durante dieciocho kilómetros y acabar “escocido” (lo digo por experiencia), usar una bicicleta (el que la tenía) o salir temprano con el coche de Diego Montoya (era de Tabernas), o  el camión de Luis Luisa (“el Alcalde”), aunque este último tenía poca capacidad en la cabina y había que ir en la caja… con el peligro de accidente o multa.

            Tanto uno como otro, cargaban más viajeros de los autorizados… y algunos tenían que bajarse un poco antes de llegar a Tabernas. Luego, se continuaba hacia Almería o se tomaba la Alsina. El camión lo aparcaba Luis Luisa pasado el barranco al salir del pueblo y Diego dejaba el coche aparcado en la plaza, en la pendiente que había delante de la Fonda… pues así era mas fácil arrancar sin usar la manivela.

            En cierta ocasión, los chiquillos (entre ellos yo) quitamos el freso y el coche se dejó casi hacia la izquierda, quedando a un metro de la puerta del Ayuntamiento. Jose María el “Manquillo”, que era el Secretario, salió tras nosotros… y si nos pilla!!!

            Como los chicos sabíamos más o menos cuando llegaba el coche, salíamos al comienzo de la calle Almería (donde ahora se desvía para el “Calar Alto”) y esperábamos sin prisa. Si era de noche, aparte del ruido del motor, a lo lejos se veían las luces que se ocultaban y aparecían según tomara una curva u otra. Si era de día, por el ruido del motor. Una vez enfilaba la calle en dirección a la plaza, nosotros íbamos detrás de él, “a ver quién venía”.

            A veces llegaba un carro tirado por mulas o la moto del veterinario de Tabernas, o como mucho, y esporádicamente, algún vendedor de hilos, pescado, quincalla, afilador… y para de contar. 

            Posteriormente, Diego dejo el negocio del transporte y Paco “el de Luis Luisa” se hizo cargo del transporte, que compaginaba con sus funciones de “Alcalde”. Bajaba dos o tres veces a la semana a Almería y paraba en las fondas de la calle Obispo Orberá. La última vez que subí y baje con él desde Almería fue con mi madre a hacer unas gestiones en Velefique. Era Julio de 1964 y, como yo era Guardia Civil, recuerdo que al bajar en la plaza de uniforme, los críos dijeron: “Vienen los guardias de Tabernas”.

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         .

        3. Agua, alumbrado y evacuación de residuos.

         Como antes he comentado, a finales de los años 40 y principio de los 50, no había ni agua corriente en las casas, la cual era traída desde el “Cañico” (pasada la Iglesia, saliendo del pueblo hacia Bacares), a lomos de burros o mulas a los que se les colocaban unas “aguaderas” y dentro los cántaros. Luego en casa se trasladaba a las cantareras y se usaba lo “justo”, o sea nada de duchas, baños, etc. Se usaba un lebrillo o barreño para lavarse la cara, manos y pies tras venir del campo… y a la plaza.

        Y no digamos del tema de alumbrado que consistía en candiles de aceite, faroles, carburos, o quinqués de petróleo. Las necesidades fisiológicas se evacuaban en las chumberas, huertos, en los corrales, o ”donde se pudiera”. Precisamente, me impactó (y por ello lo recuerdo) la primera vez que vi el hermoso, gordo y blanco culo de una señora de unos cincuenta años: Un día estaba yo (con unos nueve años) agachado en las “chumberas”, al lado de la calle Almería, “evacuando”  y, de pronto, unos metros más arriba, llegó la buena señora (omito el nombre) y sin más, creyéndose sola, se puso de espaldas hacia mí, se agachó,  se levantó las enaguas y alivió la vejiga… Me quedé como si hubiera visto un extraterrestre…

        Como sabéis, Velefique tiene un hermoso y estrellado cielo, y si, además, hay luna llena, se podía ir de un lado a otro de noche sin necesidad de ninguna luz. Más de una noche he jugado en la plaza al “marro” con los chicos de mi edad… En noche cerrada no había otra opción que llevra un “hacho” de esparto o un farol de aceite. Sobre la luz, cuatro curiosos recuerdos:

        1) Misas de Navidad, del Gallo u Oficios. La señoras con sus mantones negros y el pañuelo en la cabeza, salían al finalizar y marchaban a casa cada una con su farol.

        2) Pastores que regresaban por Triana o la Galera, alumbrados con ”hachos” de esparto.

        3) La primera “linterna” eléctrica que vi (sobre finales 1948) la trajo don Fernando el Cura, y era asombro y admiración ver como desde el barranquillo iluminaba la torres del Cementerio, que entonces era de pizarra gris o negra.

        4) En la Iglesia se encendían cirios . Los candiles de aceite y “quinqués” de petróleo eran el medio habitual de alumbrado en casa, así como en bodas, bailes, en el “Baile” de la Plaza (sótano al lado del Ayuntamiento, bajo el bar) o en el “Salón de Frasco Caco”, con música de acordeón. Con los restos del carburo (que se tiraban en cualquier sitio), los chavales hacíamos una especie de “bomba”, enterrándolos o metiendo los dentro de una lata o bote. Luego orinábamos y salían una burbujas… a las que aplicábamos una cerilla y… ”BUUMM”.

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         .

         2. Caza de pájaros.       

         Entre las muchas distracciones y “deportes” que practicábamos, estaba la caza de pájaros, sobre todo gorriones.

        ¿Dónde suelen hacer sus nidos, o buscar agujeros para dormir? En las paredes. No fallaba: Cuando era la época de cría, ellos mismos se delataban, con las “criás” o “culones” sin parar de piar. Era cuestión de esperar a que llegara la “madre” o el “padre” con un grillo y meter la mano… aunque a veces la “operación” era peligrosa, y no es broma: Tanto si el nido estaba en una pared como si estaba en un árbol, había que subir trepando… o ir al tejado y meter la mano por debajo del alero. Recordaré toda mi vida una vez que estaba gateando en el tejado de la Fonda de la Plaza, y alguien avisó a mi madre… que desde abajo me decía que bajara, con la zapatilla en la mano.     Otras veces acompañaba a mis primos (mayores que yo) que iban de noche con unos “hachos” de esparto a la Moraleda y cogían algún desgraciado colorín o verderón que dormía entre las ramas de los naranjos…

        Otra vez, entre las casas de Maria Chava y el Tío Atanasio, vi como una hermosa y gruesa serpiente se iba deslizando debajo de los aleros de pizarra, entrando y saliendo de varios nidos. Se armó un buen alboroto, y alguien avisó a José Títere (creo recordar que era cazador y tenía un bar en la plaza) el cual fue con la escopeta, y cuando asomó la serpiente le disparó y cayó al suelo. La abrieron y tenía varios “culones” dentro.

        Sobre la caza reconozco que “tenia una espina clavada” con Juan “Lucero”, pues, no sé por qué, su padre o alguien le regaló una escopeta de perdigones… y yo siempre andaba a su lado, a ver si me la dejaba, cosa que ocurría muy pocas veces.

        Para no alargar mucho el tema de la “caza”, añadir que no conseguí criar ni un solo gorrión, por una razón muy sencilla: Cuando los llevaba a casa, los atiborraba de moscas, granos de trigo, saltamontes y pan, ya que siempre estaba con el pico abierto. Al día siguiente, estaban patas arriba… y muy cerca de allí, encima de una piedra, un gato muy bien plantado, a la espera del desgraciado pajarillo.  Lo siento de veras por aquellos inocentes “gorriones”.

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        Los chavales de mi época o edad eran: Mi hermano Juan Luis, Susi, Semari (“los del Padrino”, pues sus padres los maestros  José María e Isabel eran los padrinos de mi hermana Isabel que nació en Velefique en 1950), Rafael Colorao, Pepe Rey, Pepito y Antonio Ramón (”los del Maestro”), Pepe Luis (“el de Luis Luisa”), Juanito y Anita (“los de don Francisco el Practicante”), Juan “Lucero” y su hermano Antonio, Pepe “el de Frasco Caco”, Víctor Mesas (“el de Juan Mesas” que marchó a Argentina), José Ramón y Fernando (“los de Rosario y Jose Cristino”)… y alguno más que ahora no recuerdo. Por las “niñas”, estaban María Dolores, Pilar la Grande y Pilar la Chica, María Egea, Celia (la de la Fonda), la primas Pura y Encarna (fallecidas no hace mucho en Vilanova y la Geltrú) y seguro que alguna más. La memoria va fallando con la edad… No nombre a otros chicos “mayores” como el primo Alberto, Pepe Germana, Fernandito, etc.

 

     1. La llegada al pueblo.

         Debido a los traslados de mi padre (Brigada de la Guardia Civil al finalizar la Guerra, que pasó en cárceles de la República), nací en Águilas (Murcia) en noviembre de 1941, y como pasaba entonces con los militares, mi hermano Juan nace en Barcelona en 1943 (ascenso y traslado) y mi hermana Isabel en Velefique en 1950, con mi padre ya retirado en Tijola desde Junio de 1947 como Capitán. De allí marchamos al pueblo, pues vivían mis abuelos, tíos y primos: Por parte de mi padre, mi abuelo era el  “tío Juan” (al que todos trataban de Vd.), los hermanos de mi padre: José e Isabel Germana (hijos: Juan, Encarna y Pepe), Josefa y Juan Domingo (hijos: Juan, Manuel y Pepe) y Antonio y Damiana (Patro, Alberto, Pura y Encarna). Todos ellos, con el tiempo marcharon a Cataluña y la mayoría falleció en Villanueva y Geltrú e Igualada. El mote o apodo familiar era Cuscurrón, ya que el abuelo Juan, cuando nació, era moreno, delgaducho y poca cosa. Una vecina que lo vio se le ocurre decir: “Parece un cuscurro de pan”. O sea, mote para toda la vida, del cual no me avergüenzo. Era la costumbre muy extendida en los pueblos, por una razón muy sencilla. Identificar a una persona, dado que había muchos Juanes, Pepes, Antonio, Marías, Rosario, Pilar, etc… con apellidos similares. Por parte de mi madre Isabel, los abuelos eran el “Tío Luis García” y la “Tía Encarnación Acedo, de mote “Mantequilla”(no me pregunten por el origen del apodo, pues no tengo ni idea), y mis tías: Encarna y María. Aquí, de momento, no había primos, pues ambas eran solteras.

        Como digo, marchamos a Velefique donde vivimos entre 1947 y 1951, en que compramos casa en Almeria (c/ Cenotafio 8, actualmente c/ Beata Soledad Torres de Acosta, a tiro de piedra de la Plaza de Toros). La casa de Velefique era la del abuelo Juan, que le “había tocado a mi padre”, y aunque ya no existe como la conocí, tenía una rampa de bajada y está en la calle Almería casi detrás de la que años después se hizo construir don Fernando Gómez Lara “el Cura”.  A su misma altura, pero a la izquierda, la de mi tíos Antonio y Damiana, hoy día convertida en almacén de ataúdes de Rafael Colorao, si no me he informado mal. Aquellos años en el pueblo jamás los olvidaré, sin luz, ni agua corriente, lavabos, teléfono, internet ni historias parecidas.

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6 comentarios leave one →
  1. Alicia permalink
    15 octubre, 2010 4:50

    Mi tío, Rafael (colorao…aunque no le gusta que le llamen así) no tiene un almacén de ataúdes…lo que tiene es una futura vivienda con todas las herramientas de carpintero…delante de su misma casa.

    • Víctor permalink
      22 diciembre, 2010 16:06

      Nací y viví en Velefique. Ese señor tenía por oficio y medio de vida la carpintería. Lo que sucede es que como en esa época los medios eran tan limitados, cuando alguien fallecía el fabricaba el ataud, ayudado por su esposa que le tenía las tablas y forraban la madera con tela negra y una cruz de lata dorada, y las manijas eran reemplazadas con una guita de esparto grueso que se pasaban por sendos agujerosa en el costado con un nudo del lado de adentro.
      Espero que mi comentario sirva para agregar algo a la memoria de los que estuvimos y vivimos alle.

  2. MANUEL GARCIA (DE PEQUEÑO "MANOLIN" permalink
    21 octubre, 2010 9:48

    ACLARACION PARA ALICIA: NO ES MI INTENCION MENOSPRECIAR A TU TIO RAFAEL, DEL QUE ME CONSIDERO AMIGO DE LA INFANCIA. SI HE PUESTO ESTA FRASE EN LA QUE INDICO “SI NO ME HE INFORMADO MAL”, LO HICE POR QUE HACE VARIOS AÑOS, AL PASAR POR DELANTE DE LA CASA DE MI TIA, UNA DE SUS HIJAS ME DIJO” ESTA ERA NUESTRA CASA, Y AHORA LA TIENE RAFAEL COLORADO, DONDE GUARDA LOS ATAUDES”.
    El pasado 19 y 20 de Septiembre estuve en Velefique y comprobe que ahora se esta edificando una neuva casa en donde estaba la de mis tio, eliminando un saliente que obstaculizaba el paso de camiones. Dale muchos recuerdos a Rafael, y le dices que son de “Manolin”. A mi no me importa que en Velefique me llamen asi. Un abrazo desde Barcelona- Manuel Garcia

    • Alicia permalink
      19 junio, 2012 11:55

      Simplemente era un apunte. Yo le daré de su parte recuerdos. Saludos

  3. María Jesús Úbeda permalink
    16 diciembre, 2013 8:00

    No sé si esta página sigue activa o no, si alguien la seguirá leyendo… Yo la descubrí tarde. En cualquier caso, quiero desearos unas felices fiestas navideñas y un 2014 lleno de venturas en lo personal y en lo profesional. Saludos,
    María Jesús Úbeda

  4. Ángel Manuel permalink
    12 septiembre, 2015 9:20

    Mi. Abuelo(Juan Sanchez”el polilla”de Alhama de Almería) trabajó recogiendo esparto y se acuerda mucho de Luis “el alcalde”, no sé si será el mismo, debido a que el (mi abuelo) tiene 88 años, pero bueno, el no para de hablar de el. Me alegraría mucho me mandaran foto de él, y saber si aún vive, le hará muy feliz.

    Gracias.

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